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El boom de conciertos en China abre una lección para LatAm

China convierte el entretenimiento en motor de consumo interno: ¿pueden Brasil, México y Colombia replicar el modelo?

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En abril de 2025, el pequeño condado de Dianjiang, en la región de Chongqing, al suroeste de China, se convirtió temporalmente en un polo de entretenimiento masivo tras albergar un concierto encabezado por estrellas del Mandopop, entre ellas Jeff Chang. El evento no fue una anomalía: forma parte de una estrategia deliberada del gobierno y la industria privada china para descentralizar el entretenimiento de alto perfil —antes concentrado en Pekín, Shanghái y Guangzhou— y llevarlo a mercados secundarios con capacidad de gasto creciente. El volumen exacto de ingresos generados por esta expansión no está disponible al cierre de esta edición, pero analistas del sector citan que el mercado chino de música en vivo superó los 40.000 millones de yuanes (aproximadamente 5.500 millones de dólares) en 2023 y continúa en expansión.

El fenómeno responde a una política económica explícita de Pekín: ante la debilidad de la demanda externa y las tensiones comerciales con Occidente, China ha apostado por el consumo interno como motor de crecimiento. El entretenimiento en vivo —junto con el turismo doméstico y la gastronomía— figura entre los sectores priorizados para absorber el gasto de una clase media que, pese a las presiones del mercado inmobiliario, mantiene capacidad de consumo discrecional. Las ciudades de tercer y cuarto nivel, con infraestructura subutilizada y poblaciones jóvenes, son el nuevo frente de expansión.

Para América Latina, el impacto es doble. Primero, como espejo de política económica: países como Brasil, México, Colombia y Argentina enfrentan dilemas similares —estimular consumo interno en contextos de alta informalidad y desigualdad— y el modelo chino de articular entretenimiento masivo con desarrollo de infraestructura regional podría ser estudiado por gobiernos y promotoras privadas. Brasil, con su enorme mercado interno y ciudades medianas como Goiânia, Manaus o Fortaleza con demanda cultural insatisfecha, es el caso más directamente comparable. México, con su corredor de ciudades secundarias (León, Puebla, Monterrey ya consolidado, pero San Luis Potosí, Mérida o Hermosillo aún subexplotados), también podría capturar valor si operadores como Ocesa o Live Nation aceleran la descentralización. Segundo, como señal de competencia indirecta: si China consolida un ecosistema de entretenimiento robusto, las plataformas de streaming y los sellos discográficos globales podrían priorizar inversión en Asia, desviando capital que de otro modo llegaría a LatAm. Colombia y Argentina, que en años recientes han posicionado a artistas como referentes globales del reggaetón y el Latin pop, deberían vigilar si ese flujo de inversión en infraestructura de conciertos y derechos musicales se redirige hacia el mercado asiático.

Los empresarios y directivos latinoamericanos del sector deben monitorear tres indicadores en los próximos trimestres: el comportamiento del gasto en entretenimiento en vivo en sus mercados locales frente al PIB (señal de madurez del sector), las decisiones de inversión de grandes promotoras globales como Live Nation y CTS Eventim respecto a su expansión en Asia versus LatAm, y las políticas fiscales de incentivo a la industria creativa que China podría exportar como modelo a través de foros multilaterales. La próxima edición del Foro Económico de Boao (Asia) y los datos de consumo del segundo trimestre chino, esperados para julio, serán termómetros clave.